Personajes Principales:

27 de marzo de 2011

(Penúltimo capítulo, disfrutenlo).

Gabriel me había despedido a las afueras de su cabaña y prometió permanecer allí a mi regreso, sin embargo, esto había realzado mi preocupación. Sentía que flotaba, la sola idea de haber salido de aquel campamento se me hacía totalmente irreal; mi hermano Alexander, después de analizar todas las posibilidades, había admitido que yo tenía que presentarme sola ante Orestes y Adara.

Fui a la casa que antes me acogía, y encontré que todo se hallaba en una terrible calma. Después de registrar toda la casa, inspeccioné los alrededores; pronto, un humano que desconocía, y que estaba arreglando los jardines, me informó que desde hacía tiempo los señores de la casa se habían fijado en la catedral de Bristol; no entendía porque lo habían hecho, agradecí la información y me marché cuanto antes.

No podía evitar encarar a mis padres adoptivos, convocar una reunión de todas y cada una de las Brigadas aliadas y como golpe final, anunciar mi unión con Gabriel.

Seguí mi camino, y las ganas de seguir caminando ya me habían abandonado, si hubiera querido, habría podido huir de aquella situación, pero ese momento me indicó que ya era otra, que ahora mi corazón ya no era verdaderamente mío, ya no me pertenecía, era como si se hubiera quedado atrapado en aquel campamento, cosa que reafirmaba lo que
por Gabriel sentía.

Con esta revelación ante mis ojos, todo me pareció más sencillo: quería proteger a mis padres adoptivos, aunque estos me hubieran mentido; a aquellos niños del clan Trashumante que nada habían hecho, pero también y por sobre todas las cosas quería cuidar a Gabriel, por hacerme tan feliz, aunque fuera por poco tiempo.

Yo estaba dispuesta a dirigir mis últimas escenas en aquella obra, sin embargo, Gabriel no lo había aceptado del todo, porque sabía que podría morir, pero yo tenía la certeza de que valdría la pena dejar la vida en el intento.

Al llegar a la Catedral de Bristol, un aire de nostalgia inundo el ambiente, el sol bañaba algunos autos aparcados en el perímetro, sentí que nada de eso pertenecía a una vida en el presente, o quizá yo era la que ya no me sentía parte de lo que transcurría.

Había dos hombres fortachones y vestidos de negro haciendo fuerte en la entrada, creí que había algún suceso humano dentro, pero cuando los hombres me cerraron el paso, pude ver sus rasgos y entreví que eran vampiros, sedientos de sangre, que no dejarían la puerta sin luchar.

– Necesito hablar con mi padre, está allá adentro – dije permitiendo que floreciera una mata de nervios a mis pies.
– No sé quien es tu papi, pero tendrás que esperar a que te anunciemos – dijo uno de los tipos.
– Soy Karim Detelo – me presenté tratando de ver al interior de la catedral, pero el muro humano me lo impedía. El rostro del tipo se tensó.
– Puedes pasar – concedió mirando sus zapatos, seguramente se avergonzaba por haberle contestado así a la hija del hombre que lo había contratado.

El otro vampiro corrió y se perdió detrás del altar, donde yo sabía que se encontraban las escaleras que llevaban hasta las catacumbas, seguramente daría parte de mi llegada. No quise apresurarme, el pecho en verdad me dolía.
Con especial interés, miré el techo abovedado de la catedral.

Recordé que una vez fui muy pequeña y que una sonrisa siempre formaba parte de mi rostro, más aún, cuando espiaba las bodas que allí se presidían, yo me encogía en un rincón oscuro, al costado del retablo principal, tratando de no mirar el cristo que coronaba el altar; me daba miedo el dolor que veía en su rostro y eso había causado un impactante contraste, con la felicidad que expresaban la mayoría de las parejas que unían sus vidas allí, algo simbólico que me parecía gracioso, y que ahora de cierta manera, podía entender por lo que Gabriel y yo nos habíamos prometido.

Descubrí que algo bullía en mi estomago, tenía hambre y el nerviosismo agravaba esa situación. Cuando llegué a las escaleras para bajar hasta las catacumbas, me detuve, yo era la que había abandonado mi derecho a entrar allí, debía ser fiel a mis convicciones y esperar allí, hasta que me indicaran algo. No paso mucho tiempo y Celia asomó su rostro moreno y cetrino a la vez, me escrutó con la mirada y reparó en la frialdad de mi postura hacia ella.

– Karim, tu padre te espera – se dio cuenta de mi indiferencia y decidió ir al grano, bajé las escaleras y pase de ella, ya no estaba molesta con su mentira, pero prefería no saber nada más.

Caminé por un pasillo que apenas estaba iluminado, la mayoría de las luces estaban en la mitad de su intensidad. Logré ver la entrada de las salas de reunión, pero antes de llegar a ellas, doblé a la derecha, justo donde se encontraba una habitación acondicionada para las reuniones más intimas, toqué tres veces la puerta que bloqueaba mi entrada, está se deslizó haciéndome saber que había estado abierta.

Dentro, se podía ver algunas mesas pequeñas, sillas victorianas pegadas a la pared y un sofá casi-trono mostrándome su respaldo, suponía que Orestes estaba sentado allí; y al costado, Adara frotaba desesperadamente la parte superior del sillón de tonos púrpuras. Mis pies hicieron que el tapete de la entrada crujiera, Adara giró sobre sus talones y me echo un vistazo rápido de pies a cabeza, en sus mejillas podía verse sangre seca, resultado de las lágrimas sanguinolentas que acostumbrábamos liberar.


Corrió hasta mí, sus manos tensas estaban separadas de su cuerpo, pensé que me abrazaría y decidí no moverme ni un solo palmo. Hubo un impacto en mi mejilla y mi cabeza se había girado, lo suficiente, como para pegarme el cabello del costado derecho en la frente y la mejilla izquierda.

Resoplé, no esperaba la bofetada, menos de aquella persona, sacudí la cabeza y el cabello por poco, regresó a su lugar, la miré con dureza y ella comenzó a derramar lágrimas de sangre; odiaba aquel gesto en nuestra especie. Era un espectáculo terrible, parecía anunciar nuestra inminente maldición.

– ¿Por qué te fuiste Karim? ¿Por qué así, sin decir nada? – esas preguntas llevaban mucho tiempo formulándose en la mente de la que ahora sabía, era mi madre adoptiva.
– No estás en condiciones de preguntar Adara – respondí con sigilo, acomodándome la chaqueta en un acto de demostrar que no me importaba su sentir.
– ¿Qué? – dijo la voz desde el enorme sofá. Orestes se levantó sin esfuerzo, en la mano derecha, llevaba una copa de lo que posiblemente era vino, me miró con incredulidad y avanzó hasta mí, casi sin tocar el suelo al pisar.
Sé toda la historia, aquello que los atormenta por las noches – dije al sentarme en una de las sillas que decoraban la habitación.

– ¿Y eso te da derecho a hablarnos así? – preguntó con cautela.
– Eso no sólo me da derecho a hablarles así, sino que vengo a liberarlos de su carga y a proponerles algo – sonreí. Mi sarcasmo y atrevimiento, hicieron que Orestes se enfureciera, así que lanzó el contenido de su copa sobre mi rostro. Me levanté de aquella silla, humillada, fui hasta una de las ventanas, tomé la cortina más próxima y me limpié el rostro, sin proferir sonido alguno.

– Karim, explícate – pidió Adara con dolor, instantáneamente se llevó las manos al pecho y me miró expectante.
– Sé que no son mis padres, agradezco el tiempo que me procuraron, por eso los libero, ya no más. Cuando me fui iba detrás de Sarah, la encontré, y ella misma propició mi duda sobre su paternidad, ¡pero claro! su única y despechada hija, alguna vez tendría que hacerles esto – pregoné.

– Es cierto, cometimos errores, nadie es perfecto – dijo Orestes temblando de rabia – pero también hemos ayudado a que seas todo lo que eres ahora y creo que ese ha sido nuestro mayor error – confesó. Mi interior lucía confuso, me dolían las palabras de Orestes, pero lastimándolos también, era la única manera de llegar a la propuesta.

– Bien, me alegro que sientas eso, es lo menos que podría darles, para retribuirles todo el daño – fulminé a Adara – En mi camino, encontré a Alexander y nunca los perdonaría por alejarme de su lado – acepté.
– ¡Alexander nos traicionó! – gritó Adara.
– ¡Basta ya! El fue quien terminó de mostrarme la farsa alrededor de nuestra “familia” ¿y qué se me olvida? ¡Ah sí! también conocí a Gabriel y me he enamorado de él – el silencio precedió a mis palabras, el rostro de Orestes se contrajo en una mueca de rencor.

– No puedo creer que hayamos equivocado tanto el camino – Orestes se dirigía más a Adara.
– Todo estuvo mal desde el principio – acusó Adara.
– Y entonces ¿por qué aceptaron cuidarnos a mí y a Alexander? – le pregunté a Adara.
– Servimos a tu padre, un antiguo, y no deberías juzgarlo sin antes conocer su historia. El quiso protegerte, entregándote a alguien que no fuera como el, alejando todo riesgo y sospecha, por tu condición – todavía pretendía convencerme.

– Pues no me interesa, no pueden revocar todo lo que siento por ustedes, aunque me hayan mentido, siguen siendo mi familia – no tenía otra opción, más que atacar desde ese punto – Orestes, te dije que volvería y aquí estoy, porque creo importante cerrar este ciclo y sólo vengo a decirte, que me uniré a Gabriel y quiero que lo hagamos público frente a las demás Brigadas, este domingo – finalicé.
– ¡No! – gritaron Adara y Orestes.

No pueden controlar algo que nunca estuvo entre sus manos – reparé.
– ¿Qué te han hecho Karim? ¿Dónde quedó la chica dulce que veíamos cada mañana? – el dolor de Adara parecía verdadero.
Quedo sepultada por Sarah, la verdadera hija de ambos, que por cierto también los visitara este domingo, quiere que todo se aclaré y yo también ¿querían a toda la familia junta no? Con eso me hicieron crecer, así que estaremos todos juntos, Alexander y Sarah y por supuesto yo del brazo de Gabriel – Adara corrió a un rincón, donde se dejo caer en una silla, su rostro parecía lleno de angustia.

– Siento que te hayamos mentido – soltó Orestes, tan débil como nunca le había visto – pero tuvimos que hacerlo, para protegerlos – finalizó.
– Lo reitero, agradezco lo que hicieron, démosle un final feliz a nuestra historia, al menos ante los demás, déjenme ir con Gabriel y no pasará nada más aquí, en Bristol – Me volví hacia la puerta, pero no caminé hacia ella.

Está bien, si con eso eres feliz – finalizó Adara. No supe como abrí aquella puerta, tan sólo sé que a mi salida volví a ignorar a Celia, mi verdadera madre y la que nunca aceptaría.

Tampoco sé si me tambaleé en las escaleras, si corrí en medio de la carretera, si trepé árboles para acortar el caminó hasta el campamento. Mi conciencia regresó al ver en la entrada de aquella cabaña a Gabriel, al mirar su rostro y encontrarlo iluminado para mí.

– Está hecho – susurré, sintiendo que las lágrimas brotaban desde muy adentro.

Nos fundimos en un abrazo; rendida, puse mi cabeza contra su pecho, Gabriel me cargó y me llevó al interior del lugar, me colocó suavemente sobre la cama y se detuvo a mirar mis lágrimas con profunda tristeza, acomodó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja derecha, sus ojos volvieron a buscar los míos, el miedo se había ido.

– Lo sé – las palabras fueron pocas, pero en su mirada estaba todo lo que necesitaba. Me acercó sus labios y me besó con delicadeza. Una vez más, pude percibir su corazón, latiendo al mismo ritmo que el mío, y fue que supe que entre sus brazos, se encontraba mi verdadero hogar, mi dulce hogar.


4 Comments:

  1. Patricia :D said...
    Mm dios, no se si llorar, por como la han tratado cuando llegó ahí sus padres, si por como ha sufrido ella, o al contrario, sonreír porque finalmente aceptaron la unión de ella y Gabriel :)
    Bueno niña, te quedó perfect!
    Cómo me gustaría que esta maravillosa historia no acabara...pero todo tiene su final TT
    Así que bueno, esperaré hasta el desenlace de esta increible historia :)

    Un beso Athenea.
    Athena Rodríguez said...
    Muchas gracias por seguir la historia, es un placer leer comentarios como los tuyos. Esto está por terminar, es cierto, pero supongo que algo nuevo vendrá.

    Un fuerte abrazo, donde quiera que estés querida Patricia.
    Dulce Cautiva said...
    Hola guapa!, k tal?.

    Bueno, pasaba a saludarte y de paso decirte k me he leido toda tu historia (bueno, hasta este capi... donde tienes el 16 y el epílgo?, aki no esta... tengo k descargarme la histora pa poder leerlo?) y me ha gustado muxo.

    Al principio me pareció la prota muy fría, intentando cargarse al humano x k había hablado mal d ella y con mentiras... eso fue un gesto muy agresivo y excesivo x su parte... y luego va y su hermana desaparecida y lo convierte. Luego aparece ese tal Gabriel k pinta ser malo y luego es el bueno, buenísimo, ajjaja. Después tenemos lo d su "supuesto" hermano fallecido, k resuelta k no lo es y encima va y le dice k no son hijos de los padres k lo criaron!. Y entre tanto, se descubre k su hermana es mala, malísima y acaba "remantando" al pobre d Grisam...

    Y lo de la boda en el valle... k romántico!, jejeje...

    Aunque he d reconocer k el trato k le dan a los humanos es pésimo y atroz... los vampiros de mi saga no son así, jajaja.

    Weno, no sé si se me olvida algún detalle k comentar... en definitiva, me ha gustado muxo, felicidades!!!.

    Un beso y hasta pronto!, muak!!!
    Athena Rodríguez said...
    Hola Dulce, muchas gracias por dedicarle tiempo a esta historia, si, sólo puedes leer el último capítulo y el epílogo si descargas el documento o si lo lees online, en el enlace de descarga.

    Espero que el final no te decepcione. Gracias por regalarme un poco de tu tiempo, siempre serás bienvenida por este rinconcito.

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Ilustración ganadora:

Hecha por mi amiga Giuli de Hollywood-Editions.