Personajes Principales:

9 de mayo de 2010

Capítulo 8: Mar de confusión...

Las siguientes semanas transcurrieron, inexplicablemente rápidas, tener un poco de actividad física, había causado en mí, un olvido permanente por mi verdadera situación cautiva.

Imaginaba que aquellos Trashumantes caminaban solitarios, pero la única diferencia con las Brigadas, es que ellos eran más libres en su comportamiento, había toda una colonia de ellos: niños, adolescentes y adultos mayores.

Eran igual a las todas las Brigadas, sólo que todos se trataban sin muchos estratos, cosa que me confundió, implícitamente veían a Gabriel y a su fiel amigo, Launder -aquel que lo había ayudado en mi captura-, como los lideres, pero sólo eso, no había delegados, ministros ni nada por el estilo.

– ¿Te has alimentado? – preguntó Gabriel, cuando una tarde me quedé mirando hacia un grupo de niños muy pequeños.
– No creerás que pienso tomar a esos niños, ¿o sí? – le contesté mirando hacia el lado contrario de donde el se encontraba sentado.
– No, es solo que no te has quejado en mucho tiempo – no pude ver su rostro, pero hablaba con satisfacción.
– Tan solo llevo unas semanas aquí – intenté que pareciera exagerado con respecto al tema.

– Deberían representar una eternidad para ti – soltó a la intemperie, como esperando mi reacción, y me fue inevitable mirar su rostro.
– Realmente no, creo que las cosas van bien – me levanté de aquella roca donde me encontraba sentada y Gabriel se levantó al instante.
– Tengo que hacerte una pregunta – un silencio invadió nuestra distancia.
– Dime, ¿de qué se trata? – dudé por un momento si es que quería saberlo.
– ¿Estarías dispuesta a regresar a la Brigada… – no entendía cómo es que preguntaba eso.
– ¡Sí! – me apresure a decir, bueno, casi a gritar.
– … con nosotros? – terminó Gabriel.

– ¡¿Cómo?! – mis cerebro no sabia, si lo que mis oídos habían escuchando era verdad.
– Necesitamos entrar, y no será tarea fácil para nosotros – hizo una mueca de auxilió.
– ¿Estas loco? ¿Cómo es que crees que amo a toda esta comunidad y sacrificaría a mi gente por ustedes? –

– Karim, recuerda que hay una razón que te obliga a permanecer aquí –
– No, a ti te obliga a retenerme aquí, yo ignoro que sucede y tan solo soy un títere para ti – le reproché.
– No eres un títere para mi – el silencio volvió a arribar.
– No lo haré – concluí y me fui directamente a la pocilga que tenía como habitación.

Decidí no olvidar nuevamente aquel cautiverio, mi cerebro parecía ya sufrir del Síndrome de Estocolmo. Era absurdo, pero allí estaba yo, no tenía miedo de Gabriel ni de su gente. Incluso, me había olvidado de Grisam por unos momentos, ahora, el me parecía patético a lado de Gabriel y Launder.

Yo era Karim Detelo, y mientras estuviera encerrada con esos Trashumantes, debía buscar la manera de escapar.

Durante la noche, el rostro de Gabriel no dejaba de volar frente a mis ojos. Era estupido, pero algo de él me atraía, y ni siquiera mi sed de venganza, por la muerte de mi hermano, podía difuminarlo de mi memoria. Me había percatado de ello, hacía unos días y no soportaba la idea de sentirme así.

Mi sueño se tornó pesado, y creí ver la silueta de mi hermano colándose por la ventana, como cuando se peleaba con papá y este lo corría, y a escondidas, me llevaba collares con flores o piedras del río, decía que yo era una princesa y que el siempre cuidaría de mí. Mi corazón amenazó con sucumbir frente al recuerdo. Mis ojos escocieron cuando no los deje liberar ninguna lagrima, y poco después, el sueño por fin me venció, pero no sin antes imaginar el tacto de Alex en mi mejilla.

Las nubes me parecían ya lejanas en la tierra, pero en mi sueño aún existían. Caminé entre ellas como si fuera la última vez, miré a toda mi familia en una especie de picnic aéreo, y cuando estuve a punto de tomar la mano de mi padre, un sonido seco me despertó; tocaban la gran portezuela de aquella, que ahora era mi habitación. Ni siquiera me moví, y entonces se vieron en la necesidad de abrirla.

– ¿Por qué no has ido a cubrir tus labores? – Gabriel parecía avergonzado, pero su voz era fuerte.
– No lo haré más – dije firmemente. Había estado enseñando a algunos niños a usar una espada y a algunos adolescentes a mantener el equilibrio, ya que muchos de ellos eran buenos espadachines.

– Hicimos un trato Karim – me recordó.
– Tú puedes hacerlo mejor que yo – dije al fin.
– No te hubiera venido a buscar, si tus “alumnos” no me hubieran preguntado por ti – intentó convencerme.

Recordé la mirada de muchos de ellos, y descubrí que me había encariñado con todos. Me senté en la cama que ahora me habían acondicionado.

– Pues no te serviré más, y puedes matarme y dejar mi cuerpo bajo los pies de mi padre – odiaba aquella situación y quería salir corriendo de allí, pero mis emociones asfixiaban cada uno de mis deseos justo como lo había dicho Gabriel.
– No deberías decir eso – parecía serio.
– ¿Quieres comenzar una guerra, no? – le pregunté retándole.

– No – contesto después de un largo silencio.
– Bien, porque esa sería la acción perfecta para declarársela a todas las Brigadas – le sugerí.
– Lo que quiero es proteger a tus padres – dijo desesperadamente.
– ¿Por qué habrías de protegerlos, cuando en el trato que supuestamente “hicimos”, me amenazaste con su seguridad? – le contesté con enojo.
– Dije que si querías volver a verlos, debías ayudarme, no que si no me ayudabas atentaría contra ellos – sus palabras me confundieron, pero sonaba lógico.

– Cuando hablabas de regresar a la Brigada y de ir con ustedes, ¿a qué te referías exactamente? – la duda se había sembrado en mí.
– Que tienes que mostrarnos tu apoyo frente a la Brigada, convencerlos de que no habrá de otra, más que estar de nuestro lado – su voz sonaba entrecortada.
– Lo siento, no lo haré – nuevamente estaba decidida.

Gabriel pareció fastidiado, pero salió de aquel lugar, aunque, no tardo en regresar y dejando la puerta entre-abierta, dijo hacia fuera:

– Vamos, tienes que entrar, no hay otra manera – sonaba preocupado.
No soportaría si de nuevo me llevaban a Grisam, lo habían tomado ya, como un consuelo ante mi resistencia.

Acababa de salir el sol, y unos rayos intensos, se colaron por los pequeños rectángulos que simulaban ventanales. La figura que atravesó la puerta, no era en absoluto la de Grisam.

Alexander Detelo, me sonreía desde el otro extremo de la habitación. Los rayos lo hacían parecer una ilusión divina. Mi mente se bloqueó.

– Karim, soy yo, tu hermano – soltó aquella silueta.

Mis fuerzas se dispararon, salí corriendo de aquel lugar, veía pasar rápidamente y a mis costados, a todo el campamento de Gabriel, veía cabañas y después deje de verlas.
No sabía como es que me habían engañado, pero mi mente y mi alma, no habían notado trampa alguna, ¿Cómo es que Alex había vuelto? Mientras seguía corriendo, ya solo veía árboles, de los cuales surgían ramas que golpeaban mi rostro, pero, al no hacerme daño alguno, no les tomé importancia.

No quería saber que era lo que ocurría en realidad, solo corrí y corrí hasta que ya no pude más, mi voluntad se doblego, miré a mí alrededor y me encontraba sin rumbo, perdida, en un templado bosque.

4 Comments:

  1. manu said...
    aaaa
    kmo q vivo!!!
    aaaa
    q densoo!!
    no me vas a dejar asi vdd
    subiras pronto vdd??
    dime q sii
    aaaa
    esq como?
    como rayos!!??
    aaaaaaa
    d vdd la intriga me matara!!
    solo lo hara!!
    q densoo
    hahah
    no lo supero d vdd
    no lo supero!!
    hahaha
    ahora Gabriel me gustaaa
    siii
    hahaha
    sube prontoo
    Dios te bendiga
    Manu
    Athena Rodríguez said...
    Gracias por tu comentario, espero subir el otro a la brevedad, tan solo que la school me deje respirar y ya esta.

    Sí, Gabriel esconde muchas cosas, gracias por seguir la historia!
    laqua said...
    ¡Tu historia va cada día más interesante!
    A ver qué pasa ahora :D
    Te dejé un aviso de premios en mi blog.
    Y corregí tu banner :)
    ¡Saludos!
    Maay said...
    ayyy qe buenaaa historiaaa!!!!!! me encantoo, te estoy siguiendo, (:

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Hecha por mi amiga Giuli de Hollywood-Editions.